Jaime Sabines
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Malcriada
Te estás portando como una niña malcriada, y por Dios que te voy a jalar las orejas. ¿Qué cosa es todo eso? ¿Crees tú que tienes derecho a hacer lo que se te antoje, y a jugar con las esperanzas y los trabajos de tus papás y el amor mío? ¿Crees tú, a un lado ellos, que no me perteneces, que no eres una cosa mía de mi vida a la que tengo que defender aún en contra de ti misma? Por Dios que si estuvieras aquí ya verías. Te voy a enseñar que tú no eres solamente tú, que hay muchas personas que tienen derecho sobre tu vida, y que si no quieres hacer caso a las demás, de mi no te vas a librar. Yo ya te puse mi marca, te sellé ya con mi corazón ¿Lo entiendes? Yo no te voy a dejar hacer lo que tú quieras de tu vida, porque si la lesionas me lesionas, y todo lo que hagas con ella lo haces conmigo. Ya estuvo suave de tanto lloriqueo y desesperación. Llora y desespérate todo lo que quieras, pero me tienes que rendir cuenta de ti misma. No falta mucho. Ahora en diciembre me vas a decir: “Estoy entera y sana”, y me lo vas a decir porque te tienes que venir conmigo. ¡Bonitas ausencias éstas para el fracaso, bonito esperar inútilmente! No, señorita. Aquí se acabaron esos enjuagues de la aflicción, esos tartamudeos de la soledad.
Suscribirse a:
Enviar comentarios
(
Atom
)
No hay comentarios :
Publicar un comentario