Hay quienes dicen que todo final implica un comienzo, que hay que cerrar correctamente ciertas etapas de nuestra vida para poder abrirnos paso hacia otras, y que debemos cerrar las puertas que quedan a nuestra espalda para que muchas de aquellas que tenemos al frente se abran y nos permitan avanzar a nuevas oportunidades.
Yo soy de esas personas que siempre tienen esperanza, creo que hay que tener paciencia al caer y no dejarnos ahogar por la marea, esperar a tocar fondo e impulsarnos hacía arriba nuevamente con fe de que puede que no sea la última vez que estemos a punto de ahogarnos, pero al menos ésta vez llegaremos mucho más lejos que en las caídas anteriores, y llegaremos más fuertes. Para mí la vida es como el océano, tenemos distintas opciones y decisiones por tomar de forma tal que somos nosotros quienes decidimos que hacer con nuestra vida, podemos dejarnos guiar por la corriente, seguir a la multitud y vivir a la par con los demás, no tomaremos ningún riesgo y sólo seguiremos por caminos ya transitados, pero a fin de cuentas no tendremos vida, porque nos encargaremos de seguir los pasos de los demás y no marcaremos diferencia alguna...
Pero también podemos alejarnos del cardumen resistirnos a la corriente y seguir nuestros propios pasos marcando un nuevo camino, si elegimos ser diferentes y no continuar con la multitud deberemos a prender a marcar finales, terminar etapas, aprender de los errores y continuar con una nueva esperanza de vida, de que todo mejorará, son muchos los riesgos que tomaremos y así como puede que algunos nos lleven al éxito al primer intento, lo más posible es que tengamos que fracasar muchas veces antes de poder triunfar, habrán momentos de dolor, de tristeza y de sufrimiento, pues haremos lo que pocos hacen y terminaremos alejándonos quizá demasiado de los lugares que nos generaban confianza. Debemos aprender a marcar etapas, poner en nuestra vida un momento de stand by y reconsiderar todas las decisiones que hemos tomado, cambiar cosas en nuestro camino, nuestra forma de pensar y de actuar, a esto es a lo que le llamo un final.
Terminar de escribir un capítulo de la vida para poder continuar con otro, mirar a atrás y arreglar los borrones y manchones sobre el lienzo de nuestro camino, aclarar las dudas, solucionar conflictos y errores, terminarlo todo de la mejor forma posible, sin posponer acuerdos ni tratados, solucionar las cosas con el pasado para poder cerrarlo, cambiar de página y abrirte hacía el futuro, dirigirte hacia nuevos mares que posiblemente te harán reír y llorar tanto como el mar anterior, vivirás cosas nuevas, y obtendrás más experiencias, caerás, sufrirás y llorarás, porque a fin de cuentas todas las etapas así como tienen un comienzo también tienen un final, y hay que aprender a ver cada final como una oportunidad para recapacitar, mejorar, e iniciar de nuevo.
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