Los sentimientos humanos si son malos, afectan y oprimen a la naturaleza. Si nos destruimos la destruimos, la vida quiere que seamos felices.
– Pascualina
Nunca quise agarrarle la mano por miedo al vacío, a que sus pedazos me cortaran. Estaba muy roto, tenía hasta los silencios agrietados.
Nunca quise por temor a deshacerme yo, por temor a que me lastimaran sus lágrimas, que de repente se convertían en filos. No quería armarlo, no me correspondía juntar los pedazos, no me parecía correcto remendar sus tiempos.
Pero pasó, un día quise agarrarle la mano, quise abrazarlo hasta hacer que el tiempo de detuviera a mirarnos. Pasó que sin querer, sin buscarlo, un te quiero le devolvió la vida, y con la vida volvió todo aquello que se le había extraviado, o lo que creía haber perdido.
Nunca quise agarrarle la mano, pero desde que lo hice, no he podido soltarla.
— Anónimo