lunes, 26 de septiembre de 2016

Cuando el Sol y la Luna se encontraron por primera vez, se apasionaron perdidamente y a partir de ahí comenzaron a vivir un gran amor.

Sucede que el mundo aun no existía y el día que Dios decidió crearlo, le dio entonces un toque inicial: ¡La luz!. Quedó decidido así que el Sol iluminaría el día y que la Luna iluminaría la noche, siendo así, estarían obligados a vivir separados.

Les invadió una gran tristeza  y cuando se dieron cuenta de que nunca más se encontrarían, la Luna  fue quedándose cada vez más angustiada. A pesar del brillo dado por Dios,  fue tornándose opaca. El Sol a su vez, había ganado un título de nobleza "Astro Rey", pero eso tampoco le hizo feliz.

Dios, viendo esto, les llamó y les explicó: - No debéis  estar tristes, ambos ahora  poseéis un brillo propio. Tú, Luna, iluminarás las noches frías y calientes, encantarás a los enamorados y serás frecuentemente protagonista de hermosas poesías. En cuanto a ti, Sol, sustentarás ese título porque serás el más importante de los astros, iluminarás la tierra durante el día, proporcionaras calor al ser humano y tu simple presencia hará a las personas más felices.

La Luna se entristeció mucho más con su terrible destino y lloró amargamente; el Sol, al verla sufrir tanto, decidió que no podría dejar abatirse más, ya que tendría que darle fuerzas y ayudarle a aceptar lo que Dios había decidido.

Aún así, su preocupación era tan grande que resolvió hacer un pedido especial a Él: - Señor, ayuda a la Luna por favor,  es más frágil que yo, no soportará la soledad. Y Dios, en su inmensa bondad, creó entonces las estrellas para hacer compañía a la Luna.

La Luna siempre que está muy triste recurre a las estrellas, que hacen de todo para consolarla, pero casi nunca lo consiguen. Hoy, ambos viven así, separados, el Sol finge que es feliz, y la Luna no consigue disimular su tristeza.

El Sol arde de pasión por la Luna y ella vive en las tinieblas de su añoranza. Dicen que la orden de Dios era que la Luna debería de ser siempre llena y luminosa, pero no lo consiguió... porque es mujer, y una mujer tiene fases: cuando es feliz, consigue ser Llena, pero cuando es infeliz es menguante y al serlo ni siquiera es posible apreciar su brillo.

Luna y Sol siguen su destino. El, solitario pero fuerte; ella, acompañada de estrellas, pero débil.

Los hombres intentan, constantemente, conquistarla, como si eso fuese posible. Algunos han ido incluso hasta ella, pero han vuelto siempre solos. Nadie jamás consiguió traerla hasta la tierra, nadie, realmente, consiguió conquistarla, por más que lo intentaron.

Sucede que Dios decidió que ningún amor en este mundo fuese del todo imposible, ni siquiera el de la Luna y el del  Sol, fue entonces que Él creó el eclipse. Hoy Sol y Luna viven esperando ese instante,  esos raros momentos que les fueron concedidos y que tanto cuesta, sucedan.

Cuando mires al cielo, a partir de ahora, y veas que el Sol cubre la Luna, es porque se acuesta sobre ella y comienzan a amarse. Es a ese acto de amor al que se le dio el nombre de eclipse. Es importante recordar que el brillo de su éxtasis es tan grande que se aconseja no mirar al cielo en ese momento, tus ojos pueden cegarse al ver tanto amor.

Me preocupa cuando callas,
porque estás como ausente,
no sé lo que piensas
lo que pasa por tu mente
aquello que te preocupa
ni lo que te saca del presente.

Me pone triste que te enojes
y también me asusta un poco,
nunca he querido que te indispongas,
ni que grites, ni que te alejes.

Pero hay momentos aún peores:
aquellos en los que entristeces,
lágrimas caen de tus ojos
y yo muero por la impotencia
                 de verte triste.
                 de temor a perderte.

Cuando te pones triste,
algo dentro de mí muere,
me lleno de enojo,
de rabia, de tristeza,
y de ganas de destruir
todo aquello que te hiere.

Pero cuando sonríes...
¡Oh cuando sonríes!
mi mundo se llena de calma,
de tranquilidad y de esperanza,
tus ojos recuperan
                                  su brillo,
y todo mi universo
                                  su color.

domingo, 11 de septiembre de 2016

No te rindas, aún estás a tiempo 
de abrazar la vida y comenzar de nuevo, 
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre y retomar el vuelo. 

No te rindas, que la vida es eso, 
continuar el viaje, 
perseguir tus sueños, 
abrir las excusas, 
destrabar el tiempo, 
correr los escombros y destapar el cielo. 

No te rindas, por favor, no cedas, 
aunque el frío queme, 
aunque el miedo muerda, 
aunque el Sol se ponga y se calle el viento.

Aún hay fuego en tu alma, 
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, 
porque lo has querido y porque yo te aprecio, 

Porque existe el vino y el amor es cierto, 
porque no hay herida que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos, 
bajar el puente y cruzar el foso, 
abandonar las murallas que te protegieron, 
volver a la vida y aceptar el reto. 

Recuperar la risa, ensayar un canto, 
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo, 
celebrar la vida, remontar los cielos.

No te rindas, por favor, no cedas, 
aunque el frío queme, 
aunque el miedo muerda, 
aunque el Sol se ponga y se calle el viento. 

Aún hay fuego en tu alma, 
aún hay vida en tus sueños, 
porque cada día es un comienzo nuevo, 
porque ésta es la hora y el mejor momento. 
porque no estás sola, 
porque yo te quiero. 

–Mario Benedetti