Terminar con alguien nunca es una decisión agradable; por lo menos yo nunca inicio una relación sabiendo que terminará, cuando empiezas una relación con alguien imaginas darlo todo por esa persona, y que esa persona lo de todo por ti, por ende es algo sumamente inesperado, y no es que sea precisamente una sorpresa grata...
Terminar una relación más que perder un sentimiento es un cambio de costumbres, ya no habrá más miércoles de cine ni llamadas por las noches, tampoco más regalos de mes ni visitas inesperadas, ahora habrá que avisarle a una persona menos cuando salga tarde a casa, y en definitiva ya no habrá nadie que me traiga el almuerzo de su universidad a la mía porque quería quedarme estudiando y no había tiempo para almorzar.
Terminar con alguien es un paso que no tiene vuelta atrás, porque me parte el alma que sigamos siendo ese tipo de parejas cuya relación está en un vaivén: que terminan haciendo destrozos por doquier y vuelven como si ese simple hecho solucionara los problemas.
Terminar con alguien es perder a un compañero de vida, pero acercarte más a tí mismo en el proceso; es madurar aunque sea un poco, es darte cuenta que aunque es el cambio que menos deseas, es el que tu vida necesita.
Terminar con alguien es aprender a ponerlo todo en una balanza, las cosas buenas y las cosas malas, e intentar hacerlo objetivamente, porque es bastante fácil poner algo de peso extra para que la balanza se incline más (aunque sea solo un poco) hacía el lado bueno, pero debes tener en cuenta que lo estás haciendo por el bien de tu futuro, por los sueños que tienes para tu vida, y debes aceptar lo que la balanza diga, aunque el hecho de verte obligado a usarla no es el mejor síntoma de que la relación es beneficiosa, sino todo lo contrario.
Terminar con alguien es cerrar ese corto episodio de tu vida que te ligaba a otra persona, e intentar que el daño que ambos se hicieran durante el proceso fuese mínimo, es darte una oportunidad para volver a estar más cerca de ti mismo y recoger los pedazos que se te fueron cayendo en el camino.
domingo, 1 de enero de 2017
Él no me quiere
Él no me quiere.
Quiere mis buenos ratos, mis sonrisas, mis días soleados, mis rizos largos y mis ganas de viajar.
Quiere el orden de mi vida y el desorden de mi cama, los abrazos que terminan en orgasmo y los besos que despiertan las ansias a mitad de la noche.
Quiere mis manos en las suyas, sus piernas sobre mí, mi cuerpo y su cuerpo hechos nudo y mis pies apuntando al camino que anda.
Pero no quiere que caminemos juntos.
No quiere lágrimas, ni cielos nublados. No le gusta mi cabello corto, ni la pesadez que a veces me obliga a quedarme en casa.
No busca salvar tormentas, ni abrazarme cuando soy huracán.
Sólo quiere que le escriba sobre amor, pero no se aventura a amarme…
Él quería ser marino, pero estaba cómodo con su miedo a las mareas. Así que no quiso intentarlo.
Resguardó su corazón entre sus propios brazos y el mío lo dejó volando.
Y aunque lo que yo sentía por él me llenaba y me hacía florecer, no, él no me quiso.
- María Aydanez Ramona, Malaci.