Ese momentos de nuestras vidas en el que todo se ve claro, pero no podemos evitar sentir frío... nos acercamos más a quienes queremos en busca de calor, en busca de familia o de refugio, porque sabemos que solos no podremos sobrevivir... Es justo en ese momento en el que el invierno se cruza por nuestro camino, es una prueba más, algo que debemos soportar y encontrar la forma de salir a delante, no podemos morir congelados ni dejar de sentir, no debemos dejarnos abatir por la soledad y el frío, y evitar que una fina capa de hielo envuelva nuestro corazón se ha convertido el único motivo que nos despertemos cada día a buscar algo que querer en las demás personas, sentirnos queridos y acompañados, porque aunque logremos llegar a un lugar tibio y seguro si llegamos solos, no habremos conseguido nada, porque no podemos mantener nuestro calor estando solos, y es ahí cuando empezamos esa búsqueda de la persona adecuada con la cual compartir parte nuestra, y después de cierto tiempo llegar a sentir tal cercanía que no importa cuan fuerte sea el frío que los azote, ni el grosor de la capa de hielo y nieve que los cubra, si están juntos no dejarán de sentir calor pues el amor es tibio y como éste existe entre los dos, nunca volverán a pasar frío.
Cuando caminas a la intemperie sin saber si encontrarás refugio... ese que tanto es anhelado en
esos momentos... te das cuenta que esa sensación es apaciguada por el calor humano... Te adentras a la fragilidad de un cuerpo que esta tan frío pero tan lleno de sentir que es reconfortante; caminar sin rumbo en esa época, esperar
que alguien te vea desde una ventana y que vea en ti el amor que sientes por el simple placer de encontrarte con la cruda rudeza de la naturaleza,motivaría a un alma desdichada a seguir el rumbo de su destino... calmaría ese dolor físico y llenaría el espacio que estaba vacío en su corazón.
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