De supone que todos recibimos el amor que creemos merecer, pero hay algunas veces – bastantes a decir verdad – en las que no se trata simplemente de eso, y es que las cosas relacionadas con el orgullo ¿Y por qué no? también el ego, son mucho más dedicadas de lo que parece a simple vista.
La explicación es simple, ambas cuestiones de una u otra forma están relacionadas con el autoestima, y ésta a su vez es algo que de forma principalmente durante la infancia, es decir que a la larga al herir el ego de una persona en realidad estamos remitiéndonos a lo que más le duele...
Y así como el orgullo nos puede ayudar a tomar buenas decisiones, también es nuestro punto débil, y a su vez aquella arma de doble filo con la que herimos y nos hacemos daño a nosotros mismos – que es lo que generalmente ocurre -.
Entonces, hasta aquí todo depende de la sensibilidad de cada persona, y la forma en la que pueda controlar su orgullo, para no herirse a sí mismo ni herir a los demás... Lo de herirse a sí mismo, así suene raro, va porque muchas veces entendemos cosas que en realidad los demás no quisieron decir, nos hacemos daño y terminamos molestos y heridos.
La clave está en controlar el orgullo, no malinterpretar las cosas, pedir perdón cuando es necesario y controlar la sed de venganza que éste trae a nosotros – por difícil que sea –.
Y la verdad es que hay momentos en los que lo mejor es quedarse callado, pedir perdón y agachar la cabeza (así en realidad tengamos razón), tragarse un poco el orgullo, porque suele ser la única forma de solucionar las cosas, ya que así dejas de herir y por ende también te dejan de herir a ti.
